Finanzas en pareja: cuando el ahorro depende de dos

Finanzas en pareja

Decía la escritora francesa George Sand que una relación no puede vivir mucho tiempo de dulces miradas y de cartas de amor. Efectivamente, llega un momento en que la ilusión de un pareja se centra en iniciar una vida en común. Y eso tiene implicaciones incluso en los aspectos más prácticos del día a día.

Por supuesto, también en la actividad financiera de los integrantes de la pareja. ¿Qué aspectos debemos tener en cuenta para que una relación no naufrague por un motivo tan poco romántico como el dinero?

Conocer

Hay que empezar por dejar una cosa clara: hablar de dinero es importante para la pareja. Sabemos que el amor depende, sobre todo, de los sentimientos y que es una pena tener que contaminarlo con lo material. Pero los recursos económicos con los que contamos, lo que hacemos para generarlos y ahorrarlos y la forma en que nos los gastamos representan una parte esencial de nuestra convivencia que debe ponerse en común, sin ocultar nada.

Lo primero que debe salir a la luz son los recursos, los ingresos y, sobre todo, las deudas de cada miembro de la pareja.

Esto puede condicionar las decisiones que tomemos como, por ejemplo, el régimen económico que elegiremos en caso de matrimonio (gananciales, separación de bienes o participación). Pero no todo lo que hay que saber se traduce en datos objetivos.

También es importante conocer el “estilo financiero” de la persona con la que compartimos un proyecto de vida. Este concepto tan difuso debería responder a distintas cuestiones relacionadas con su forma de ser: ¿es ahorradora?; ¿tiene formación financiera?; ¿es dada a endeudarse sin reparos?; ¿es previsora y le gusta invertir?; ¿en qué le gusta gastar su dinero…?

Hay personas cuyo mayor pasatiempo es ver crecer los ahorros que guarda en el banco y otras que prefieren atesorar experiencias, sin pensar en el mañana, y se gastan lo que tienen en viajar. No vamos a juzgar a ninguno de los dos perfiles, pero esta claro que, para que una relación funcione, es importante que tener estilos financieros compatibles.

Planificar

Una vez tenemos las cartas boca arriba, hay que sentarse a hablar detenidamente sobre nuestros objetivos a medio y largo plazo. Todos albergamos sueños y propósitos para esta vida. Si el sueño de uno es un barco velero y el del otro es concebir una familia numerosa, tenemos un conflicto serio. Facilitar información sobre las expectativas de cada uno es una cuestión de justicia y respeto hacia la pareja.

De la misma manera que todo plan de ahorro individual comienza por establecer un objetivo, el plan de ahorro en pareja debe comenzar por consensuar para qué se ahorra. Sólo así encontraremos una recompensa tangible a tanto esfuerzo; y en el caso de la vida en pareja, esa recompensa incluye además un futuro en común.

Organizarse

También hay que decidir sobre quién recaerá cada una de las tareas y decisiones que implica la vida financiera compartida: gestionar cuentas, impuestos, control de gastos, etc.

Hay parejas en las que esta responsabilidad se reparte de manera equitativa, pero esto no es un principio de justicia universal: en otras parejas, uno de los miembros asumirá la carga, dada su formación financiera o su especial habilidad para estos asuntos. De ser así, es importante que quien delega no se quede al margen de las decisiones y esté plenamente informado de por qué y cómo se están haciendo las cosas.

Por cierto: el orden no es un asunto menor. Hay que guardar los documentos importantes (escrituras de la casa, contratos, seguros, etc) en un lugar fácil de localizar por ambos miembros de la pareja. Y no cambiarlos de lugar sin el acuerdo mutuo.

Ahorrar

Al igual que para un solo individuo, el ahorro debería ser uno de los objetivos de la vida en pareja. Para ello, ya habéis establecido los objetivos y ya os habéis organizado para decidir sobre quién recaerá la tarea del seguimiento. Ahora solo queda una cosa: ahorrar. Para ello, no hay que seguir más que seguir instrucciones “sencillas”: gastar menos de lo que se gana, establecer presupuestos y seguir un control de gastos.

Hay una infinidad de productos financieros diferentes a los que confiar los ahorros de la pareja, dependiendo del perfil de ambos (arriesgado, conservador, moderado…). Seguro que encontraréis uno a vuestra medida. Pero recordad que una de las grandes fuentes de ahorro debe provenir de las deudas que se van amortizando. Es decir, si se dedica un dinero mensual a pagar un préstamo o una letra, una vez saldada esa deuda, es muy recomendable que ese dinero se destine a invertir o ahorrar.

Prevenir

Por último, no nos cansaremos de recomendar que se destine una parte de los esfuerzos económicos de la pareja a crear un fondo de emergencia. Lo más adecuado sería guardar, al menos, el equivalente a tres meses de gastos fijos del hogar.

Pero eso depende mucho de cada familia. Sólo recuerda que, al iniciar una vida en común, la responsabilidad en lo económico se duplica: no sólo cuidas de tu propia persona, también de la persona que has elegido como compañera.