¿Dudas sobre invertir tus ahorros? Este post es para ti

Invertir ahorros

El dinero. Cuesta mucho ganarlo y, una vez que se tiene, da mucho miedo perderlo. No hace tantos años, nuestros abuelos guardaban sus ahorros en el colchón, porque no confiaban en las entidades bancarias. Esos tiempos se han superado, pero en el subconsciente colectivo perdura un cierto desinterés por la inversión.

Invertir supone un riesgo (a veces mínimo) y un esfuerzo (a veces, también mínimo) que hace que  muchos ahorradores reciban la idea con pereza o se casen con lo primero que les ofrece el director de su banco. Sin embargo, si te animas a leer este post, en el que tratamos de desgranar lo que verdaderamente necesitas tener en cuenta antes de invertir, quizá logremos motivarte.


¿Por qué invertir?

Fácil: para ganar más dinero. Quizá no mucho más (dependiendo del riesgo que asumamos), pero sí algo más.

Uno puede pensar que, para que sus ahorros le generen tan sólo 100 € durante un año, prefiere quitarse líos y dejarlos como están. Pero hay un verdad aplastante: 100 € es más dinero que 0 €. No es difícil que una inversión bien meditada engrose más nuestros ahorros que nuestras propias aportaciones periódicas, fruto de lo que vamos apartando de nuestro salario.

Además, el dinero invertido, tal y como se dice, «trabaja por nosotros». Es decir: que no implica más esfuerzo que la toma de decisiones iniciales y un seguimiento apropiado.


La regla de oro

Antes de que nuestras palabras tengan un efecto excesivo en tu entusiasmo, vamos a dejar caer una regla de oro de la inversión: nunca te precipites.

La inversión, por poco riesgo que entrañe, siempre entraña algún riesgo (aunque sea el coste de oportunidad por no haber escogido el producto más adecuado). Y no hay otra forma de saber si está haciendo lo correcto que pararse, meditar y decidir.

Para que una inversión nos brinde los objetivos que esperábamos de ella, lo importante es elegir bien. Y para eso necesitas informarte y deliberar. ¿Cuánto? Lo que haga falta.


La relación entre riesgo y rentabilidad

A la hora de invertir, hay una balanza que lo determina todo: la que mide la relación entre el riesgo y la rentabilidad.

Cuanto más arriesgada sea nuestra inversión, más posibilidades tendremos de ganar mucho dinero… Pero, al mismo tiempo, también tendremos más posibilidades de perderlo.

Cuanto menos riesgo asumamos en nuestra inversión, menos posibilidades habrá de perder el dinero, pero éste no nos proporcionará una rentabilidad demasiado alta.

De esto, se deducen varias cosas:

1. Al invertir, siempre nos movemos en el terreno de la expectativa. Es decir,  una inversión de riesgo nos permite optar a una jugosa rentabilidad, pero no es una garantía. Es posible que invirtamos nuestro dinero en un producto de alto riesgo y obtengamos una rentabilidad mínima. O que lo perdamos todo (por eso se llama inversión de riesgo).

2. Hay que sospechar de esos productos que dicen ofrecer una enorme rentabilidad a riesgo bajo. Los milagros no existen. O nos están mintiendo, y el riesgo no es tan bajo, o nos están timando.

3. Es primordial conocer con detalle el grado de riesgo del producto en el que vamos a invertir nuestro dinero, para estar seguros de que se adecua a nuestro perfil y nuestras necesidades. Es importante no precipitarse y preguntar todo lo que sea necesario preguntar.


Conócete a ti mismo y lo que quieres

¿Crees que tu personalidad tiende a la prudencia o a la aventura?  ¿Cómo  vas a encajar una pérdida, en caso de catástrofe? ¿Crees que sin riesgo no hay beneficio o crees más en el “partido a partido”?

De estas preguntas, los expertos extraen lo que llaman perfil del inversor, que va del más arriesgado al más conservador. Si sabes cómo eres, puedes evitarte malos tragos o, por el contrario, la sensación de estar perdiendo el tiempo.

Hay otras variables que también toman parte en la construcción de nuestro perfil de inversor, por ejemplo, el dinero del que disponemos.

Antes de invertir, necesitas tomar lápiz y papel y, como tantas otras veces, hacer inventario de ingresos, gastos fijos, ahorros y fondo de emergencias. El resultado debería ser el punto de partida para decidir cuánto podemos invertir y cuánto podemos arriesgar… si es que podemos invertir o arriesgar algo.


Fijarse objetivos y plazos

En su momento, ya hablamos de lo eficaz que resulta establecer objetivos de ahorro. La inversión debe tratarse de la misma manera, poniéndola al servicio de unos objetivos, cuanto más concretos, realistas y cuantificables, mejor.

Los objetivos que nos marquemos determinarán el tipo de producto adecuado para nosotros. No es lo mismo el objetivo de generar un fondo de emergencia, que necesita de un producto notablemente líquido (Letras del Tesoro, por ejemplo), que reunir dinero para reformar la casa dentro de varios años, (para lo cual se podrían recomendar inversiones algo más arriesgadas).


¿Hace falta asesorarse?

Acudir a un asesor financiero es una decisión responsable. Hoy en día, existe una infinidad de productos muy complejos; si tu inversión fracasa, nadie te va a devolver el dinero por mucho que alegues que no sabías tal o cual cosa. Necesitas ir sobre seguro.

Por otro lado, la ley sólo permite que las entidades autorizadas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores pueden realizar inversiones. Estas entidades jugarán el papel de intermediarias entre tu dinero y el producto en el que quieras invertir. Pero ojo: que sea la entidad intermediaria no siempre significa que juegue el papel de asesora. No esperes que el intermediario te avise si prevé que el fondo en el que has metido tu dinero va a caer, a menos que hayas dejado claro que te interesa contratar sus servicios de asesoría financiera.