La clave para ahorrar con cabeza: Empieza por marcarte objetivos

ahorrar con cabeza

Ahorrar es como hacer deporte: todo el mundo sabe que es bueno, pero, a la hora de ponerse a ello, hay que vencer un montón de resistencias. La motivación siempre ayuda a fortalecer la disciplina a la hora de ahorrar, y la mejor forma de hallarla es marcarse unos objetivos para visualizar los beneficios que trae consigo el esfuerzo de moderar el gasto.

Analiza tu capacidad

Tus objetivos de ahorro deben ser verosímiles. De nada sirve que te plantees poseer tu propio jet privado en un plazo de cinco años si tu sueldo no supera el salario mínimo. Para ajustarte lo máximo que puedas a tu realidad personal, empieza por analizar honestamente cuánto dinero tienes.

Apunta en un papel tus ingresos reales mensuales y resta todos los gastos fijos (hipoteca, luz, colegios, etc). El resultado será el dinero corriente del que dispones, ya sea para gastar sin cabeza o para ahorrar.

Fija objetivos concretos

Puedes proponerte un objetivo en términos monetarios: meter cada mes 100 € en una cuenta o guardar la paga extra de junio en un depósito a plazo fijo. O puedes asumir un reto más tangible: mudarte a una casa más grande en 10 años, comprar el coche de tus sueños dentro de 5 años, conseguir dinero para matricular a tus hijos en una universidad privada….

Sin duda, te recomendamos que te busques unos objetivos tangibles y, entre estos, cuanto más concretos sean, mejor. Es decir: resulta más efectivo fijarte una meta precisa, como comprar un apartamento en la playa que cuesta 100.000 € en un plazo de 15 años, que decidir ahorrar para unas vacaciones tranquilas cuando seas un poco mayor. ¿Por qué? Porque cuántas más cifras haya de por medio, de más elementos de control dispondrás para saber si estás consiguiendo tus fines y para motivarte a la hora de dar pequeños pasos a corto plazo.

Establece un control

Para conocer la marcha de tu hoja de ruta del ahorro, tienes que establecer un control de gastos. Una buena idea es instalar en tu móvil una app de finanzas personales.

Pero si te gusta hacer estas cosas de una forma más analógica, hay métodos tradicionales muy efectivos. Por ejemplo, el popular Método Kakebo, que se parece a un libro de cuentas en el que apuntar gastos e ingresos.

O el más anglosajón envelope budgetin, que consiste en repartir el dinero entre sobres (o cuentas) destinados a diferentes fines independientes, de manera que uno nunca pueda cubrir las pérdidas del otro.

Así conoces a la perfección dónde se encuentran tus debilidades y fortalezas a la hora de ahorrar.