Qué es la inflación y por qué debería importarte

La palabra inflación se ha ido haciendo cada vez más presente en los medios de comunicación hasta ganar un protagonismo que no conocía desde hace décadas. Y no es una buena noticia. Cuando se habla de inflación se habla de una amenaza para la economía. Especialmente ahora, pues pone en jaque la política de estímulos y gasto público con que se afrontaba la recuperación económica el parón de la pandemia.

En cualquier caso, la inflación no es solo un término técnico que únicamente deba importar a los expertos. La inflación es algo que afecta a todos los ciudadanos. En este artículo te explicamos qué es y por qué debe importarte.


Qué es la inflación

La inflación es una subida sostenida y generalizada de los precios de los bienes y servicios de un país. Lo hemos adelantado otras veces, sin meternos en detalle, en artículos en los que hemos hablado de previsión alzas y bajas de precios de distintos artículos.

En un contexto de libre mercado, los precios fluctúan continuamente. Algunos bajan y otros suben. Puede ser que suba el precio de la fruta pero baje el de la gasolina. Que suba el de la vivienda, pero baje el de la energía.

La inflación describe un aumento generalizado en casi todos los precios. El resultado es que un ciudadano podrá comprar menos artículos que los que compraba tiempo atrás con el mismo dinero.

La inflación es uno de los índices macroeconómicos más estudiados por economistas, por bancos centrales, por políticos… Pero también es una de las variables que más afectan a los ciudadanos.

El situación actual, acarreando aún las consecuencias de más de dos años de parón, con una crisis de abastecimiento nunca vista y un conflicto en Ucrania, la inflación es un invitado indeseado con el que tenemos que convivir


En principio, la inflación no tiene por qué ser mala…

Hay que explicar, en primer lugar, que la inflación no es mala de por sí. De hecho, los bancos centrales persiguen un aumento anual de los precios, apenas perceptible, pero sostenido. En concreto, el objetivo del Banco Central Europeo es mantener una tasa de inflación anual del 2%.

Esto es así porque esa inflación moderada puede ser compensada con una subida de salarios equivalente. Y, además, aporta alguna ventaja:

Un alza moderada en los precios ayuda a reducir el valor real de las deudas. Las familias, empresas y administraciones públicas ganan más, por el aumento de salarios e impuestos, pero las deudas que tenían siguen siendo las mismas.

Además, la subida de los precios motiva el consumo, porque los consumidores prefieren comprar ahora que más adelante, por miedo a que hayan subido los precios. Esto hace circular el dinero, y la circulación del dinero es lo que provoca que se creen puestos de trabajo, se paguen impuestos y las economías funcionen.


…hasta que se descontrola

Así que, como ves, si la inflación está controlada, todo va bien. El problema es cuando, debido a diferentes causas, la inflación se descontrola y los precios comienzan a aumentar de una forma que la subida de salarios no puede compensar. En ese caso, las consecuencias para los ciudadanos son muy negativas.

  • En primer lugar por la pérdida de poder adquisitivo, pues no pueden comprar tanto como antes.
  • En segundo lugar, por la disminución del ahorro, porque el dinero que tienen guardado en el banco vale menos cada día que pasa. Incluso, a veces, si con los ahorros se han hecho inversiones de poco riesgo, la rentabilidad de éstas puede no compensar su pérdida de valor por culpa de la inflación.


Tipos de inflación según su magnitud

En función de lo intenso que sea un período inflacionario, los expertos lo pueden llamar de cuatro formas:

Deflación.

los precios no sólo no suben, sino que bajan. Lejos de ser esta una situación prometedora, lo cierto es que es un grave problema que todo banco central desea evitar, pues hace que se frene el consumo. Los ahorradores guardan su dinero, esperando a que los bienes que desean comprar bajen de precio, lo que provoca un peligroso estancamiento de la economía.

Inflación moderada.

Es la inflación controlada que tiene los sanos efectos que hemos descrito más arriba: aumento de salarios, disminución del valor real de deudas, circulación de capital… Como hemos dicho, hablaríamos de tasas anuales del 2%, del 6%, etc.

Inflación galopante.

Los precios suben con tasas anuales de dos o incluso tres dígitos. Un 20% anual, un 150% anual, etc. Esto se considera suficiente para provocar cambios económicos, como por ejemplo, que los ahorradores empiezan a deshacerse del dinero, para que no pierda valor.

Hiperinflación.

Con la hiperinflación, los precios aumentan con una tasa mensual del 50%, o lo que es lo mismo, una tasa anual del 13.000%. Esto es propio de crisis económicas graves y puede deberse a que los gobiernos emiten dinero sin control o a unos sistemas de supervisión deficientes.

Las tasas de inflación que estamos observando en la Zona Euro, del orden del 7%, se mantienen de momento en lo que puede considerarse moderado. Pero nos aproxima peligrosamente a un abismo del que deberíamos mantenernos a salvo. Por ahora, se dan efectos positivos, como una mayor recaudación de IVA que debería servir, si se utiliza con sensatez, para reducir deuda pública. Pero las familias ya empiezan a resentirse cada vez que pagan la factura eléctrica, llenan la cesta de la compra o repostan gasolina.


¿Y qué provoca la inflación?

Hay varios motivos que provocan el alza generalizada de los precios. Los más comunes son:

El consumo: Cuando aumenta mucho la demanda de un bien determinado, puede llegar un momento en que exceda la capacidad de producción o importación del mismo. En ese caso, los precios aumentarán.

Los costes de las materias primas: Cuando los materiales con los que se fabrican determinados bienes aumentan de precio, los productores buscarán mantener el margen de beneficio aumentando a su vez los precios del bien. Esto es lo que está provocando la subida del dato actual, debido a que tres importantes países abastecedores de todo tipo de materias primas, Ucrania, Rusia y China, han frenado su exportación por distintos motivos.

Las expectativas: Cuando se prevé un incremento de los precios, a veces se toman medidas para ajustarlo que tienen, paradójicamente, la consecuencia de provocar inflación. Por ejemplo, si los empleados empiezan a solicitar aumentos de sueldo para hacer frente a una inflación futura, quizá el empresario tenga que subir los precios para poder pagar los nuevos sueldos de sus empleados. Y así contribuirá a generar inflación. En el caso más extremo, esto es lo que se llama espiral inflacionista. Es muy posible que estos días hayas escuchado el concepto “pacto de rentas”; esto no significa otra cosa que un acuerdo entre patronal, gobierno y sindicatos para evitar exigir aumentos de salarios y asumir una mayor austeridad para escapar a la espiral inflacionista.

La inflación por aumento de la oferta monetaria:

Cuando un banco central decide inyectar más dinero en el mercado (por ejemplo, mediante una fuerte política de subsidios), provoca que los consumidores vean aumentar su poder adquisitivo. Esto hace que aumente la demanda de productos lo cual, como veíamos más arriba, provoca un aumento de precios.

Además de la crisis de materias primas, el aumento de la oferta monetaria también tiene mucho que ver con las dudas que genera la situación actual. Y es que los estímulos con que algunos gobiernos tratan de reactivar las economías hacen que algunos analistas teman una subida de precios.

Este es, a su vez, parte de un debate ideológico entre los defensores de economías más expansivas (más de izquierdas) y los defensores de la austeridad (más de derechas). Los primeros afirman que la inflación no es un problema tan grave como las desigualdad, y que los estímulos pueden ayudar a sobrellevarla. Los segundos opinan que esta inflación genera estancamiento, lo cual genera, a su vez, reducción de la riqueza y, finalmente, desigualdad.


¿Cómo se calcula la inflación?

Los principales indicadores para el cálculo de la inflación son dos: el índice de precios al consumo (IPC) y el deflactor del PIB.

  • El IPC tiene en cuenta distintas categorías de bienes y servicios, como vivienda, transporte, ocio, alimentos, ropa, etc.
  • El deflactor del PIB también tiene en cuenta la variación de precios de un país en un período determinado, pero poniéndola en relación con el Producto Interior Bruto.

Como ves, existen motivos más que de sobra para preocuparse por el aumento de la inflación. De la variación de precios dependen cosas tan importantes como el valor real del dinero que ganas. Por eso, aunque de momento las tasas no alcanzan cotas alarmantes, es natural que los medios de comunicación sitúen este dato en el centro del debate. Todo hace pensar que viviremos con una inflación alta durante unos cuantos años, al menos hasta que la situación geopolítica se normalice. Hay que mantener la esperanza en que no se dispare más.

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