Qué es la Web 3.0 y sus principales características

Para responder a qué es la Web 3.0, vamos a plantear otra pregunta: ¿sabes qué era ARPANET? Una red de ordenadores conectados entre sí que concibió el Departamento de Defensa de EEUU en la segunda mitad del siglo XX. Por entonces se imaginaba que descentralizar los datos informáticos ayudaba a protegerlos. La nueva red ubicua los salvaguardaba de fallos y ataques localizados. Por ejemplo, un bombardeo de la URSS sobre un punto geográfico determinado. 

Seguro que entonces nadie imaginó que las cosas llegarían hasta aquí. ARPANET fue la espina dorsal de la World Wide Web, la aplicación más popular de internet.  Sin embargo, lo de la descentralización ha tomado derroteros complejos. Hemos aprendido que, en manos de unas pocas corporaciones gigantescas, los datos se vuelven vulnerables. Los usuarios pierden el control sobre su privacidad, que puede utilizarse contra sus propios intereses (como se vio, por ejemplo, en el escándalo de Cambridge Analytica). 

La Web 3.0 es una nueva concepción de la red, descentralizada e inteligente, que busca terminar con este problema. 

De la Web 1.0 a la Web 3.0… pasando por nuestra Web 2.0.

Todos hemos vivido una experiencia parecida a la siguiente. Estás leyendo un libro cuya trama sucede en Berlín. Para sumergirte mejor en él, buscas en internet los escenarios de la novela, lo que comen los personajes, etc. Durante las siguientes semanas, toda tu experiencia de navegación pasa irremediablemente por un lugar: Berlín. Anuncios de viajes, vuelos a Alemania, marcas de chucrut y mostaza. Y todo esto ocurre porque vivimos en la era de la Web 2.0

La Web 1.0 no albergaba más que textos con los que no se podía interactuar, más allá de pulsar sus enlaces (todo se parecía a lo que ahora es Wikipedia). Sin embargo, en 2004, la World Wide Web introdujo la imagen y el vídeo, mientras que tecnologías como Javascript, Html5 y Css3 dieron paso a la interactividad plena. Esto se dio en llamar Web 2.0.

La Web 2.0 traía consigo un añadido: cada vez que solicitábamos información, al mismo tiempo estábamos entregando información. Una búsqueda por nuestra parte ofrecía pistas sobre nuestras preferencias e intereses. Estos datos se almacenaban en las llamadas cookies, y luego se vendían a las grandes corporaciones para anunciarnos justo lo que habíamos estado buscando (fuera nuestra intención viajar a Berlín o no). 

De hecho, como posiblemente sepas, las grandes corporaciones digitales, como Google, viven de la publicidad. Por eso no te cobran una tarifa por sus servicios. Y, como dicta la norma, cuando algo es gratuito, es que lo que está a la venta eres tú. Las corporaciones venden tus datos a los anunciantes, y los servicios que te ofrecen a ti no son más que el anzuelo para pescar esos datos. 

Esto no tendría que tener nada de malo. El problema es el excesivo poder que acaban acumulando las grandes empresas, y las violaciones sistemáticas de la privacidad que hemos visto en las últimas dos décadas. 

Veamos cómo la Web 3.0 pretende cambiar esto.

¿Qué es la Web 3.0?

La Web 3.0 aspira a ser el siguiente paso de la evolución del World Wide Web. Tiene como finalidad ofrecer una experiencia personalizada y relevante para cada usuario a través del uso descentralizado de los datos y de la inteligencia artificial, de forma totalmente segura y privada.

El objetivo es construir una web confiable, que no deje la libertad de expresión en manos de unos pocos operadores y en la que no haya que pedir permisos para obtener información. Es decir, una web con menos intermediarios en que los datos se intercambian directamente entre usuarios

¿Cómo se conseguirá esto? La web 3.0 está actualmente en desarrollo. Para que éste concluya con éxito hay cuatro claves. 

Las cuatro claves que explican qué es la Web 3.0.

Para conseguir una red de confianza, sin intermediarios y sin permisos, los desarrolladores se están centrando en cuatro conceptos. 

  • Descentralización

En la Web 3.0, los datos dejarán de estar centralizados en servidores, propiedad de grandes empresas. Tecnologías como Blockchain ayudarán a que se alojen de forma dispersa, que puedan recuperarse y que se conserven de forma segura. Esto significaría el fin de las gigantescas bases de datos localizadas, que tanto poder otorgan a las corporaciones.

  • Confianza sin permisos

Si los datos no están centralizados, los datos no tienen un guardián. Entonces, ¿cómo confiamos en su seguridad? Tiene que ver con el punto anterior: las tecnologías de la descentralización consiguen que la transmisión de datos de usuario a usuario (peer to peer, o P2P) sea confiables. Esto hace innecesario solicitar permisos o proporcionar información que no deseemos dar. Es decir, el fin de las famosas cookies que uno tiene que aprobar cada vez que visita un site.

  • Inteligencia Artificial y machine learning

La Web 3.0 será una web semántica. ¿Qué quiere decir esto? Que aprenderá a comprender el lenguaje humano con toda naturalidad. Para ello, estarán dotadas de IA y de sistemas de aprendizaje automatizado (machine learning). Que una computadora entienda la forma de expresarse de su usuario (como te entiende un amigo con solo decir dos palabras) facilitará una navegación con resultados más ajustados a sus intereses.

  • Conectividad ubicua

Cualquier usuario podrá conectarse a la Web 3.0 donde quiera y cuando quiera. Gracias a Internet de las Cosas (IoT), impulsada por la implantación del 5G, la conectividad no se limitará al ordenador o al teléfono móvil. Cualquier utensilio, desde un coche a una lavadora, te dará acceso a la Web 3.0.

¿Alguna duda sobre la Web 3.0?

La Web 3.0 está todavía en fase embrionaria. Algunos analistas consideran que conceptos como descentralización, libertad de expresión o confianza se están sobredimensionando. Porque, según ellos, algunos servicios serán difíciles de ofrecer bajo estas premisas. Servicios a los que los usuarios ya están acostumbrados, y a los que les sería difícil renunciar con la única motivación de la privacidad

Al mismo tiempo, su desarrollo no está siendo tan veloz como vaticinaron algunas voces. De Web 3.0 se empezó a hablar en 2006. Desde entonces, las transacciones en criptomonedas (una funcionalidad característica de la Web 3.0) no se han convertido en el medio de pago habitual. Es más, hemos vivido ciertas tempestades que han puesto en duda su idoneidad para una sociedad como la nuestra.

Probablemente, la Web 3.0 ni será la utopía que algunos venden ni se desinflará como un globo. Todo dependerá, como siempre, del éxito de su propuesta entre el público. Si el usuario encuentra ventajas, como encontró en la conectividad móvil, la Web 3.0 se impondrá. Si no, se adoptarán sus aportaciones más útiles y se desecharán las demás.  Habrá que esperar para ver.

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