¿Qué hago con mis ahorros? Cómo elegir entre depósitos, renta variable y otras inversiones

Tal y como está el patio mundial (todavía sintiendo los coletazos de la pandemia, con conflictos activos y riesgos de suministro), gestionar los ahorros del mejor modo posible es, sin duda, una idea sensata.  

Porque pueden llegar vacas flacas para todos los sectores, descensos acusados de las demandas, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo, mientras el precio de los productos básicos, la conocida como cesta de la compra, sigue subiendo sin clemencia. 

Por tanto, conocer los productos financieros que logren sacar el máximo partido a nuestro dinero acumulado es más pertinente que nunca. En un mar de ofertas, de reclamos publicitarios, ¿qué opción es la más adecuada para mi dinero? ¿Cuánto riesgo somos capaces de asumir? En definitiva, conocer el método más seguro y rentable para invertir mis ahorros.  

¿Es rentable la renta fija?

De rentas y rentabilidades, valga la cacofonía, va la cosa. ¿Fija o variable? ¿Bonos del Estado o acciones del Ibex35 y demás mercados bursátiles? ¿Depósitos sugeridos por el banco o inversiones realizadas bajo nuestra responsabilidad individual a empresas cotizadas? 

Cuando se habla de renta fija, los inversores se refieren a la deuda que emiten los Estados de manera regular y que los bancos ofrecen a sus clientes como un modo de inversión segura, a largo plazo. Aunque también existe la renta fija privada, a través de compras a corporaciones que ofrecen, de igual manera, sus bonos. 

Bonos, que no acciones

La renta fija trabaja con bonos, que no acciones, y se diferencian de estas últimas en que el importe de la devolución está fijado en el momento de la compra, al margen de las evoluciones, positivas o negativas, del emisor de cifras. En otras palabras, uno sabe cuánto va a percibir en el momento en que compra esos bonos, lo que, al eliminar todo riesgo, hace que los beneficios sean seguros, pero mucho más discretos con relación a los dividendos que se pueden obtener con la compra de acciones. 

Respondiendo a la pregunta de más arriba, la respuesta rápida es «sí». Es decir, invirtiendo en renta fija, ganarás dinero, pero poco. Por lo tanto, ¿ganar poco dinero pudiendo ganar mucho es una forma de perderlo? Ahí entra el debate. Filosófico, pero económico a la postre. 

¿Es arriesgado invertir mis ahorros en bolsa?

La respuesta rápida sería «sí», sobre todo si se hace la comparación con los bonos. Pero, ya se sabe, quien no arriesga no gana. Claro que, tras las oscilaciones bursátiles que trajo la pandemia, cada vez es más difícil predecir en qué activos invertir el dinero. 

Tradicionalmente, en empresas de construcción consolidadas, promotoras de autopistas y grandes infraestructuras, así como las compañías de telecomunicaciones más solventes. Pero ni siquiera eso es una apuesta segura. No son pocos los accionistas de bancos de primera fila que vieron como el valor de sus acciones se reducía a la mitad sin que tuvieran tiempo de reaccionar. 

Por eso, los expertos financieros tiran cada vez más de refranero para disuadir a aquellos pequeños ahorradores que quieran lanzarse a invertir, y sueltan lo de: «Ay, Manolete, si no sabes torear pa’ qué te metes». Bromas aparte, no es recomendable ponerse a invertir en bolsa ‘a lo loco’ y, en caso de hacerlo, contar con el asesoramiento de un profesional de la inversión

¿Y qué hay de los fondos de inversión?

Siguiendo con el refranero, el dicho de «no conviene meter todos los huevos en la misma cesta», cobra interés en este punto. Porque esa filosofía tan básica, pero a la vez tan sabia, se aplica al dedillo en lo referente a los fondos de inversión, que realizan operaciones diversificadas, con lo que el riesgo se reparte. 

Además, los fondos de inversión están supervisados diariamente por los profesionales financieros encargados de ellos, cuyo objetivo es lograr la mayor rentabilidad para sus clientes, es decir, aquellos ahorradores que les confían su capital. Cuanto mejor y más lucrativa resulte la inversión de esos clientes particulares, mejor funcionará el fondo de inversión y más clientes querrán contratar sus servicios. Es lógico, por tanto, que los fondos de inversión se preocupen de lograr la mayor rentabilidad para tus ahorros, pero incurriendo en riesgo moderado y con la inversión segmentada. 

¿Y los depósitos de los bancos?

Es otra forma de inversión, con contratos a plazo fijo, que los bancos ofrecen a sus clientes para dar más rentabilidad a sus ahorros. Recordemos que, entre todas las opciones, la menos recomendable es tener el dinero, los ahorros, ‘quietos’ en la cuenta corriente. Invertir en alguno de estos productos financieros hará que tu dinero ‘valga’ más y que, mientras pasa el tiempo, sin que tú hagas nada, vaya generando más rentabilidad que si lo tuvieras inactivo. 

Estos depósitos bancarios ofrecen distintos niveles de riesgo, normalmente del uno al seis, y ofrecen también inversiones según criterios sociales, medioambientales y en otras áreas en las que la inversión tenga también un impacto positivo, al margen del rendimiento que puedan proporcionar al inversor. 

Planes de pensiones privados: ¿más necesarios que nunca?

Cada vez se repite más el mantra de que no habrá fondos suficientes para pagar las pensiones. Que los jóvenes del presente no serán capaces de sostener la caja de las jubilaciones del futuro. ¿Cuánto de cierto y cuánto de alarmismo hay en todo ello? Es difícil saberlo. 

Lo que parece evidente es que los escenarios financieros, tanto locales como globales, son cada vez más inestables, debido a incertidumbres de todo tipo. Tiempos líquidos que afectan a todos los ámbitos, economía incluida, por lo que asegurarse un dinero que no dependa del sistema público es una opción no solo previsora, sino inteligente.

Entre sus ventajas, la de disponer de un capital al que sumar a la pensión que te corresponde por tus

cotizaciones, ya sea como trabajador por cuenta ajena o como autónomo. Si bien supone un esfuerzo en el presente, se puede convertir en la garantía de una jubilación plácida. Además, cada vez son más flexibles y permiten cambios en las condiciones sobre la marcha. 

Entre sus inconvenientes, que ese dinero queda ‘congelado’ como poco diez años, por lo que no podrás usarlo en ese tiempo. Además, hay que tener en cuenta que, al recuperar el plan, tocará pagar impuestos por las ganancias resultantes de la operación. No obstante, siempre será una operación que compense para aquel que se la pueda permitir.

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