Semana laboral de cuatro días: ¿utopía o realidad?

Jornada laboral de cuatro días

Quienes defienden la semana laboral de cuatro días reivindican una mayor eficiencia laboral. Ya que nuestro país es uno de los que más horas presenciales consume sin traducirse en una mayor productividad.

Entre las ventajas de esta reducción se encuentra, según diversos estudios, el aumento de la productividad, una mayor motivación de los trabajadores, más facilidades para conciliar la vida familiar y un mayor compromiso con la empresa. Aunque la semana de cinco días ‘comprimida’ en cuatro puede generar también efectos contrarios: una mayor presión al aumentar la intensidad de trabajo y con ello, un mayor estrés.

Ahora bien, ¿las empresas serán capaces de alcanzar sus objetivos y rentabilidad con la implantación de una jornada laboral de 4 días? ¿Los trabajadores aceptarán trabajar menos días, pero a un ritmo más duro? Vamos a analizarlo en detalle:


Primeros tests

En España, se ha logrado llevar a buen puerto diversos proyectos pilotos en empresas de distintos sectores, como las de tecnología. Sus promotores han confirmado que en muchos casos el absentismo no justificado se ha reducido considerablemente, lo que daría ya una muestra de los beneficios de esta alternativa.

Empresas como Telefónica ya han anunciado tests internos en la compañía con grupos reducidos de trabajadores. Otras como Delsol, dedicada al software y soluciones informáticas, anuncian de momento sensaciones positivas.

También en empresas de sectores dependientes de la plantilla presencial como la hostelería, como demuestra el caso del grupo La Francachela. Han logrado repartir su carga de trabajo con turnos de cuatro días a la semana, logrando una mayor productividad y satisfacción en sus trabajadores, sin renunciar a la calidad del servicio.


Fase de transición

Los impulsores del proyecto creen que, tras una fase de transición, la semana de cuatro días se convertirá en algo tan asimilado por todos como lo es hoy la jornada de ocho horas (frente a las diez o doce que se trabajaban antes).

Esa fase de aclimatación, sin carácter obligatorio, contará con ayudas públicas que costearían los gastos derivados ya que se entiende que, en una primera etapa, hasta que los procesos se automaticen, puede darse una merma de la productividad, con la consiguiente muesca en la cuenta de resultados.

Para animar a las empresas a lanzarse a esta nueva organización laboral, se ha creado un programa de incentivos de 50 millones de euros, dentro de las ayudas a la innovación.


Ventajas de la semana de 4 días

La motivación de los trabajadores, el aumento en la productividad y la mejora en las condiciones de conciliación familiar y laboral son las ventajas más destacadas por los defensores de esta medida.

También, el de la retención (y captación) de talento, ya que los trabajadores más reconocidos y apreciados valorarían como un logro la adopción de esta medida.

Además, las empresas que la adoptasen gozarían de un cierto prestigio asociado a una idea de innovación y eficiencia, además del compromiso con la felicidad de sus trabajadores, algo cada vez más valorado en el ecosistema empresarial.


E inconvenientes

Se puede dar el caso de que se reduzcan los días de la semana laboral, pero no las horas. En este caso, las 40 horas se comprimirían en cuatro días con jornadas de más de diez horas. Esto reduciría la calidad de vida durante toda la semana, tanto en los días de actividad como en los de descanso.

Si la reducción de días supone una reducción de sueldo, esta medida se convertiría en un regalo envenenado.

Por último, algunas voces dudan del supuesto aumento de la productividad como consecuencia de la mayor motivación. ¿En qué medida crecería esa motivación? El abogado y empresario Recaredo Veredas no tiene tan claro esas bondades. «La motivación y la productividad se incrementan con más dinero, no con menos trabajo», considera Veredas.

De momento, la experiencia en algunos países, como Suecia, ha demostrado que su viabilidad económica es complicada sin apoyos estatales de gran calado.


Experiencias en otros países

En economías de fuera de la Unión Europea, como Nueva Zelanda o Japón, hay empresas que ya aplican la esta semana laboral, a pesar de que no siempre es algo aceptado por empleados acostumbrados a hacer del trabajo su ‘modus vivendi’.

Son tímidas aproximaciones, aunque la medida genera cada vez de más popularidad entre distintos sectores de la sociedad. En Reino Unido, cuna de los movimientos sindicales del XIX, es una cuestión que quieren hacer despacito y con buena letra, para llegar a fin de siglo XXI con la medida asimilada como una conquista social irrenunciable. Es la ambición, al menos, de la Trade Union Congress (TUC).


Postura del Gobierno

El plan para reducir la semana a cuatro días —y por tanto, de 40 a 32 horas— es tan atractivo sobre el papel como difícil de llevar a la práctica. De ahí que, pese al entusiasmo de sindicatos como UGT, el Gobierno se esté mostrando algo reacio.

El plan piloto prevé involucrar a unas 200 empresas, en su mayor parte pymes (en torno a 5000 trabajadores aproximadamente). En cualquier caso, el Ministerio de Trabajo se muestra cauto. Consideran que hay que trabajar en las medidas para flexibilizar los horarios según cada caso y situación.

El Ministerio de Industria, por su parte, ve con buenos ojos incluirlo en los Presupuestos Generales del Estado, lo que significa que en 2021 no se tendría en cuenta de manera efectiva. No obstante, en el plan de “España 2050” sí se plantea una reducción a 35 horas, lo que muestra el interés del actual gobierno en reducir la carga laboral actual.

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